jueves, 24 de junio de 2010

¿Qué fe cristiana antes y después de Auschwitz?



En el período inmediatamente anterior a la Shoá uno puede identificar diversas causas que hicieron posible esa masacre. Podría identificar también causas religiosas remotas, como el tradicional antisemitismo cristiano. Pero hay que reconocer además un sustrato cristiano específico de los inicios del siglo XX. Esto es importante porque en esa época la predicación y la enseñanza de las Iglesias cristianas todavía tenían mucha influencia en la sociedad europea.


1. Algunas fragilidades del cristianismo previo a la Shoá

Creo que hay que destacar una exégesis bíblica liberal y una consiguiente teología liberal, que tuvieron dos efectos altamente negativos en relación con el judaísmo y estrechamente ligados a la Shoá. Detectar esto es decisivo para pensar cómo debería plantearse la fe cristiana después de Auschwitz.

1.1. En primer lugar, la exégesis liberal procuraba encontrar en los textos del Nuevo Testamento un núcleo existencial despojado de todo lastre judío, liberado de todo condicionamiento cultural y religioso judío. Consiguientemente, la Teología se esforzaba por precisar cuál es el mensaje específicamente cristiano, su novedad con respecto al judaísmo, su originalidad superior a todo lo que pudiera ofrecer el judaísmo que era sustituido por el cristianismo. Así, se delineaba un Jesús desencarnado, reducido a un mensaje existencial para el hombre moderno, desconectado de la historia, y al mismo tiempo un cristianismo completamente independiente del humus judío.
¿Qué tiene que ver esto con la Shoá? Mucho. Hay autores que destacan que en realidad uno de los hechos que crearon las condiciones propicias para la Shoah fue precisamente el olvido de lo histórico concreto “que prevaleció en el mundo liberal”.[1] El cristianismo liberal, concretamente, sirvió para alimentar el trasfondo profundo de la Shoá, su justificativo subterráneo: la convicción de que el pueblo judío está de más, que es innecesario, que no tiene nada específico que aportar. Por lo tanto, si lo eliminamos la humanidad no pierde nada.
A su vez, también la lectura del Antiguo Testamento se hacía casi exclusivamente a la luz de Jesucristo, lo cual es para muchos el indicio de una actitud que terminó negando a los judíos “todo ulterior derecho a existir religiosa y humanamente”.[2] Si alguien utiliza la Biblia hebrea sólo para encontrar en ella reflejos del Nuevo testamento, entonces tanto la Biblia hebrea como las tradiciones judías se vuelven irrelevantes e innecesarias.

1.2. En segundo lugar, y no menos importante, el cristianismo liberal era profunda y radicalmente individualista. Esto tiene su historia. La preciosa teología de Lutero, ayudaba a liberar al cristianismo de un fuerte lastre legalista y moralizante. Pero al mismo tiempo, la doctrina de la justificación de individuo por la fe corría el riesgo de concentrarse excesivamente en la salvación individual. El catolicismo que reaccionó contra Lutero lo hizo en la misma línea, desarrollando toda una doctrina católica acerca de la salvación del individuo, con un escaso desarrollo de las exigencias sociales de la fe. Tanto el luteranismo como el catolicismo moderno estuvieron fuertemente inclinados a lo que un autor llama un “subjetivismo podrido”.[3] De hecho, Leonardo Boff ha destacado que “la teología protestante está muy vinculada al sujeto histórico liberal”.[4] Los mismos teólogos protestantes destacan que las circunstancias históricas llevaron a que el Protestantismo estuviera íntimamente ligado, desde sus comienzos, a la promoción de los intereses del individuo y a la mentalidad capitalista. Por eso “la ideología protestante unifica la libertad del individuo, la democracia liberal y el progreso económico como expresión del espíritu protestante”.[5] Por el mismo motivo de fondo “la situación proletaria, en la medida en que representa el destino de las masas, es reacia a un Protestantismo que, en su mensaje, pone a la personalidad individual frente a la necesidad de tomar una decisión religiosa, pero abandonándola a sí misma en la esfera social y política, por considerar que las fuerzas que dominan la sociedad han sido ordenadas por Dios”.[6]
La exégesis y la teología en Alemania, tanto católicas como protestantes, alimentaron este modelo de la fe cristiana que se resuelve en una relación personal con Jesucristo hecha de confianza creyente, que asegura la salvación individual. Pero al desarrollar mucho menos las exigencias éticas y fraternas de esa fe no ayudaron a sacudir la indiferencia de los cristianos ante lo que estaba sucediendo con los judíos en el Holocausto. Esto se conecta con otras tendencias culturales del momento, que se repiten hoy de otra manera, como la obsesión por la seguridad, que hace que los ciudadanos consideren que el cuidado de su seguridad es el principal deber de los políticos, autorizándolos tácitamente a hacer desaparecer del ámbito ciudadano a todos los que podrían ponerla en riesgo. A su vez, esto otorga a los poderosos un consentimiento social para las acciones que emprenda en pos de tal objetivo.


2. Desafíos de la Shoá a la fe cristiana actual

Habiendo dicho esto, creo que se puede entender fácilmente cuál es mi punto de vista acerca de los graves desafíos que plantea la Shoá a la fe cristiana. Porque la gravedad de semejante masacre, ocurrida en el corazón de una sociedad cristiana, puede compararse a una especie de Tsunami que exige replanteos profundos.

2.1. En primer lugar, hace falta avanzar en desarrollos teológicos que muestren que el Judaísmo no es irrelevante, y que sigue siendo para los cristianos un humus indispensable para poder entenderse a sí mismos. Esta convicción puede trabajarse en varias líneas. Por ejemplo: destacar la importancia permanente del Antiguo Testamento, la necesidad de la Biblia hebrea  para entender el lenguaje del Nuevo Testamento, la valoración de las tradiciones judías heredadas por Jesús y por Pablo, el reconocimiento de los bienes y valores comunes que cuidamos juntos, la aceptación del valor salvífico del judaísmo actual, el aporte de las tradiciones judías poscristianas a la hermenéutica bíblica. En definitiva, la relevancia religiosa del judaísmo actual para los cristianos.

2.2.  En segundo lugar, es imperioso reconocer que sólo podremos evitar que la fe cristiana vuelva a dar lugar a hechos como la Shoá si nos liberamos de la fe entendida como una mera relación individual con un Dios que salva, y la vivimos como la relación comunitaria con Aquel que ha querido que lo encontremos en el otro, y que cada vez que entra realmente en un corazón humano lo abre al reconocimiento del otro.
Creo que básicamente, más que repensar la doctrina sobre Dios mismo, se trata de recoger el mensaje bíblico sobre la responsabilidad de los seres humanos con respecto a los demás, sobre la dignidad sagrada de cada ser humano, sobre la centralidad del amor respetuoso hacia toda persona como exigencia ética fundamental. Al mismo tiempo, dado que lo que sucedió en la Shoá fue un uso indebido del poder y de la inteligencia humana, hoy necesitamos destacar los límites del poder humano, para que se someta a la fuente de ese poder, que es un Dios               que nos hace responsables de los demás. La Biblia nos ofrece la imagen de un Dios que nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9). Es el Dios que rechaza la oración de los que tienen las manos llenas de sangre (cf. Is 1, 15). Es en definitiva el Dios que cuando otorga poder a un ser humano lo hace para que ese poder sea utilizado a favor de la vida de los otros.
Judíos y cristianos coincidimos en esta lectura bíblica básica, y por eso nos sentimos llamados a responder a nuestro único Dios trabajando juntos por la vida, la justicia y la libertad en nuestra sociedad, en orden a preparar el camino a la plenitud mesiánica que anhelamos.
En medio de los terrores de la Shoá, donde parecía imposible reconocer al Dios justo y misericordioso, los judíos comprobaban patéticamente que la exigencia radical de la Ley es descubrir a Dios en el hermano. En el horror se se manifestaba que la ignorancia y el desprecio de la Ley de Dios por parte de los verdugos eran la principal causa de lo que estaban sufriendo. Así lo ilustra el relato de una ejecución, en la cual cuelgan a un niño en la horca y el niño, por su poco peso, sufre una muerte lenta. Allí, mientras un piadoso judío lleno de angustia preguntaba “¿Dónde está Dios ahora?”, otro respondía: “¿Que dónde está? Ahí está, colgado en la horca”.[7] Él es el más ofendido cuando un hijo suyo cae en manos de los verdugos.
Pero esta narración nos recuerda que, haciendo memoria de la Shoá, sigue en pie esta pregunta: “¿Por qué Dios y su Mesías no liberaron a su pueblo elegido, objeto de una alianza irrevocable?”. Es imposible no formular esa pregunta cuando se releen algunas promesas de la Biblia hebrea:
“YHWH tu Dios es un Dios misericordioso, no te abandonará ni te destruirá, y no se olvidará de su alianza que con juramento concluyó con tus padres” (Dt 4, 31).
“YHWH no dejará a su pueblo, no abandonará a su heredad” (Sal 94, 14).
“No duerme ni dormita el guardián de Israel. YHWH es tu guardián” (Sal 121, 4-5).
El Éxodo narra que Dios escucha el clamor de su Pueblo llamando a Moisés como instrumento de liberación (Ex. 3, 9-10). Así nos dice que en la Shoá fueron los instrumentos humanos, particularmente los cristianos, los que no aceptaron el llamado divino y no cumplieron su función para hacer presente la misericordia y la justicia de Dios. La Shoá nos obliga, o a volvernos ateos, o a pensar en un Dios que se autolimita en su poder y otorga un enorme peso a la responsabilidad de cada ser humano sobre su hermano: “Después de Auschwitz, sólo podemos hablar de Dios como de alguien que nos llama a una nueva unidad de hermanos”.[8] Dios mismo quiso hacerse impotente para mostrarnos hasta dónde llega nuestra propia responsabilidad en la liberación de los demás.
Los seis millones de judíos muertos bajo el terror del nazismo se unen en un mismo grito a los millones que sufren hoy a causa de la inequidad y la marginación. Creemos que YHWH, así como llamó a Moisés, nos convoca a nosotros a ser instrumentos para la liberación de los otros. Judíos y cristianos, depositarios de la Revelación, queremos afinar los oídos para escuchar juntos ese clamor. Sólo así será posible la llegada de la plenitud mesiánica que tanto judíos como cristianos estamos esperando.


Víctor Manuel Fernández
4


[1] E. Schüssler Fiorenza-D. Tracy, “La interrupción del Holocausto, retorno cristiano a la historia”, en Concilium 195 (Madrid, 1984) 295.
[2] M. Knutsen, El Holocausto en la filosofía y la teología, en Concilium 195 (Madrid, 1984) 284.
[3] J. I. González Faus, La humanidad hueva. Ensayo de Cristología, Santander 1984, 563.
[4] L. Boff, Y la Iglesia se hizo pueblo. Eclesiogénesis: La Iglesia que nace de la fe del pueblo, Santander 1986, 210.
[5] R. Alves, O protestantismo como vanguarda da liberdade e da modernidade, en VARIOS, Protestantismo e repressão, São Paulo 1979, 42.
[6] P. Tilich, The Protestant Era, Chicago 1962, 161.
[7] De los testimonios de E. Wiesel, citado por J.-B. Metz, en Teología cristiana después de Auschwitz, en Concilium 195, Madrid 1984, 215.
[8] F. Sherman, “Speaking of God after Auschwitz”, en Worldview 17, 9.

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